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JAVIER VARGAS

cdmx México

Visitas: 260        Comentarios:
2017-06-23 18:16:20
 
Ajedrez en el antiguo Egipto
 

Ajedrez en el antiguo Egipto

Por Javier Vargas Pereira

 

El filósofo griego Platón (428- 347 a. C), en su diálogo, “Fedón”, atribuye la invención de juego de ajedrez al dios egipcio Thot. Eso explicaría los tableros y piezas hallados en varias tumbas faraónicas. Para los antiguos egipcios, ciertos juegos de mesa que bien pudieron ser antecedentes del juego ciencia que hoy conocemos, eran una bienaventuranza prometida para la otra vida. El más conocido, llamado senet, consistía en sacar las piezas del tablero, según ciertas reglas, avanzando las propias y cambiando o bloqueando las del oponente.

 

Una nota publicada hace algunos años por el periódico La Tercera, de Chile, en su edición de Internet, dice: “Expertos en antropología encontraron pedazos de piedra que creen fueron utilizados en un juego similar al ajedrez”. Y más adelante agrega: “expertos egipcios y alemanes encontraron restos de un gran edificio en el sureño distrito egipcio de Minya, que data del período ptolomeico, unos 300 años antes de Cristo, según informó el Consejo Supremo Egipcio de Antigüedades. Se trata de un gran complejo de adobe con lugares dedicados a actividades religiosas, sociales y recreativas, además de un almacén, compuesto de salas abovedadas, graneros y cocinas. El lugar era la sede principal de la región de los sacerdotes y sus familias, que se encargaban de presidir y organizar los ritos funerarios de los animales y aves que simbolizaban a la diosa "Gahuty". La dinastía de los Ptolomeos, que se inició el año 332 antes de Cristo, finalizó el 31 de la era cristiana, con la derrota del Ejército de la reina Cleopatra a manos de las legiones del Imperio Romano.” Es este uno más de los muchos indicios que testimonian que en la antigüedad hubo juegos de inteligencia que bien pudieron ser antecedentes del ajedrez actual.

En el libro “Historia general del ajedrez”, de Julio Ganzó, se lee: “En el palacio de Ramsés III, en Tebas (1178 a de JC) se ha encontrado un papiro con un dibujo satírico que representa la caricatura del faraón jugando ante un tablero con piezas parecidas al ajedrez o, tal vez, las damas”. Otras fuentes señalan que en Tebas existe una pintura que representa a Psamético II (594 a de JC) jugando el mismo juego. Wilkinson, en su obra “Manners and Customs of the Egyptians,” reproduce un dibujo de dos desconocidos jugando al ajedrez (o damas) tomados de los monumentos de Medinet Abou... “Incluso en el museo Británico existen diversas figuras de porcelana pertenecientes Nekao I (670 a de JC) que bien pueden formar parte de un juego similar al ajedrez, si bien una gran mayoría de autores coinciden en que las distintas figuras no pertenecen a un solo juego, sino a otros tantos diferentes.”

 

También en el libro “Ajedrez, 2000 años de historia”, de Roswin Finkenzeller, Wilhelm Ziehr y Emil M. Bührer, editorial Anaya, se lee: “En muchas tumbas egipcias se descubrieron frescos con la representación de los faraones o de altas personalidades jugando en tableros con piezas parecidas a las del ajedrez, como por ejemplo, en la tumba de la reina Nefertari hacia el año 1200 a de JC. Incluso una figura parecida a una torre, que se encuentra en el Museo Egipcio de Berlín, procede con seguridad del tercer milenio. A menudo tales testimonios fueron valorados, demasiado apresuradamente, como prueba de que los egipcios debían haber descubierto el ajedrez. Investigaciones más precisas demuestran que las representaciones solamente se referían a tableros que no corresponden exactamente a la línea genealógica directa del ajedrez. Los egipcios conocían tableros de treinta casillas y doce piezas, y algunos de los ciento cuarenta y cuatro casillas y cuarenta y ocho piedrecillas para jugar. Las tablas eran principalmente de formato oblongo y escaques de un solo color.”

 

 

Los antiguos egipcios creían en la vida de ultratumba. Cuando alguien moría, oficiaban ritos y hacían arreglos favorables para su ascenso al cielo, en los que incluían algunos objetos personales, entre ellos, tableros y piezas parecidas al ajedrez. En el Libro de los muertos, texto funerario de los antiguos egipcios, utilizado en el llamado, Imperio nuevo (año 1550 a. de C.), se lee: “al comparecer ante Osiris, rey de la eternidad, señor de lo perdurable, soberano de los dioses y de los hombres, el alma debe recitar la “confesión negativa”, que reza: “No he robado, no he actuado con violencia, no he cometido adulterio, no he perpetrado actos de hechicería… no he despreciado a la divinidad en mi corazón: ¡soy puro, soy puro, soy puro!.” Si el peso del corazón es satisfactorio, el alma del difunto va a los campos de Iora, una especie de cielo, “donde las espigas de cebada alcanzan hasta siete codos de altura, y se sienta por las tardes a jugar ajedrez en compañía de sus amigos. Pero si su corazón no alcanza el peso de la justicia, es arrojado a la Devoradora, monstruo de hocico de cocodrilo, cuerpo de hipopótamo y garras de león.”

 

Acaso por eso, en muchos textos antiguos se afirma que el ajedrez es una bienaventuranza prometida para la otra vida. Pero hay que portarse bien si se desea acceder a los campos de Iora y jugar con los amigos, si no, ¡aguas! no sea la de malas y, por no llegar suficientemente puros a la sepultura, seamos aventados a las garras de la Devoradora. Ahora mueve usted.

 



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