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JAVIER VARGAS

cdmx México

Visitas: 74        Comentarios:
2017-07-21 12:17:10
 
El ajedrez aumenta la felicidad
 

El ajedrez aumenta la felicidad

 

Por Javier Vargas Pereira

 

El ajedrez es una diversión, sobre todo cuando se gana, aunque también suele ser penitencia, si se pierde. Divertirse es cualquier acto  de recreación o entretenimiento que cause felicidad. Según el filósofo griego Aristóteles (384 a.C. 322 a.C.) “La felicidad es al mismo tiempo la mejor, la más noble y la más placentera de todas las cosas.” Consiste en un estado de ánimo que se complace en la obtención de una satisfacción o beneficio. Esto se puede lograr mediante el cumplimiento de un propósito, la ganancia de algo o la adquisición de una habilidad para resolver problemas. Un proverbio anónimo dice: “La felicidad no es la ausencia de problemas, sino la habilidad para resolverlos.”  Toda partida de ajedrez es un constante desafío a solucionar problemas, lo que produce estados de ánimo agradables, de dicha y felicidad, o de frustración y desánimo, en tanto que conlleva, como en la vida, una sugestiva correspondencia entre las dificultades a vencer y la habilidad para superarlas, entre lo aparente y lo real, entre lo verdadero y lo falso. En las buenas partidas siempre es posible encontrar originalidad, armonía, creatividad, belleza, coherencia, eficacia, etcétera, lo que genera satisfacción, agrado, incluso placer.

 

Al ajedrez también se le ha definido como ciencia. El poeta y ajedrecista estadounidense Edgar Allan Poe (1809- 1849) dijo: “La felicidad no está en la ciencia, sino en la adquisición de la ciencia.” Por su parte, el escritor español Ramón Pérez de Ayala (1881- 1962) concluyó: “Gran ciencia es ser feliz, encontrar alegría, porque sin ella, toda existencia es baldía.”

 

Para tener éxito en ajedrez hay que practicarlo con regularidad, estudiar su técnica y saber, en mayor o menor grado, su teoría. En su tiempo, el pensador y dramaturgo griego Sófocles 496- 406 a.C.), dijo: “El saber es la parte más considerable de la felicidad.”

 

El ajedrez es un juego que exige pensar. El escritor estadounidense Dale Carnegie (1888- 1955) dijo: “Recuerda que la felicidad no depende de lo que eres o de lo que tienes; depende únicamente de lo que pienses.” En su tiempo, el rey de Prusia, Federico II (1712- 1786) advirtió: “Conocimientos puede tenerlos cualquiera, pero el arte de pensar es el regalo más escaso de la naturaleza.” Incluso el inventor estadounidense Thomas Alva Edison (1847- 1931) afirmó: “Quien no se resuelve a cultivar el hábito de pensar, se pierde del mayor placer de la vida.”

 

El concepto de felicidad nació en Grecia, cuando el filósofo Tales de Mileto (625- 646)  concluyó que es sabio quien tiene un cuerpo sano, fortuna y un alma bien educada, o sea, la buena salud, el éxito en la vida y una buena formación constituyen los elementos básicos de la felicidad. Santo Tomás utilizó el vocablo beatitudo como sinónimo de felicitas y lo definió como un bien perfecto de naturaleza intelectual. La felicidad no es simplemente un estado del alma, sino algo que se recibe desde fuera, pues de lo contrario no estaría ligada a un bien verdadero. De ahí que muchos pensadores han entendido la felicidad no como un bien en sí mismo, puesto que debe haber un bien o bienes externos que la produzcan. Pero, según el filósofo alemán Emanuel Kant, es un concepto que pertenece al entendimiento; no es el fin de ningún impulso, sino lo que acompaña a toda satisfacción.  

 

Para la cultura hindú, “las virtudes del ajedrez son tan numerosas como las arenas del desierto: cura la mente enferma y la ejercita en la salud, alivia las penas y aumenta el sentimiento de felicidad.” 



Pero así como el deporte ciencia puede hacer felices a quienes lo practican, también a algunos, debido a sus tremendas dificultades, los puede hacer sufrir. El gran maestro peruano Julio Granda ha dicho: “El ajedrez es como la vida misma, muy difícil; se sufre mucho.” Sin embargo, el ex campeón mundial cubano José Raúl Capablanca, afirmó: “El ajedrez sirve, como pocas cosas en este mundo, para distraerse y olvidar momentáneamente las preocupaciones de la vida diaria”. Por su parte, el doctor y ajedrecista Siegbert Tarrasch dijo: “El ajedrez, como el amor, como la música, tiene la virtud de hacer felices a los hombres… Yo siempre he sentido un poco de lástima por las personas que no han conocido el ajedrez. Justamente lo mismo que siento por quien no ha sido embriagado por el amor.”




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