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JAVIER VARGAS

cdmx México

Visitas: 72        Comentarios:
2017-11-29 18:51:29
 
Las derrotas y los descalabros
 


Las derrotas y los descalabros

Por Javier Vargas Pereira

Si algo desagradable y doloroso tiene el ajedrez son las derrotas. Perder una partida puede implicar un choque emocional que llegue a conmover las fibras más sensibles del intelecto. En ese sentido, es un juego bastante cruel, puesto que toda derrota está asociada a lo aciago, al desastre, incluso a la desgracia. De ahí la importancia de saber asimilar los fracasos e incluso a sacar provecho de ellos. El ex campeón mundial de ajedrez, Garry Kaspárov, ha afirmado que el ajedrez, considerado como deporte, “es el más violento de todos los practicados por el hombre, porque opera con lo más sensible que posee: su intelecto,” por lo que un fracaso puede sentirse como la comprobación de ser menos inteligente que otro.

 

El humanista George Steinter ha dicho: “A diferencia de cualquier otro juego o forma de combate, las derrotas en ajedrez persiguen el ego hasta su más recóndita guarida. Por definición, la derrota sólo puede provenir de nuestros propios errores… Horas después de que el juego ha terminado, uno despierta para encontrar que la noche zumba con formas burlonas. El movimiento correcto estaba tan cerca, era tan evidente y perentorio. Todos los mirones y los más ciegos bisoños lo deben haber visto… Ahora es como una garra en nuestro cerebro.”

 

Con talento y determinación se puede intentar todo, pero no conseguirlo todo. Por eso hay que saber mantener el aplomo y controlar los nervios cuando ocurren descalabros. Todo ajedrecista debe desarrollar, en este ámbito, mecanismos de autorregulación y mantenimiento de la integridad interior, ya sea en los momentos críticos, en las victorias o en las derrotas. En el libro, “Tratado de ajedrez superior”, se lee: “Sucede con frecuencia que, tras haber perdido una partida y con motivo del choque emocional que ello supone, el ajedrecista se toma muy a pecho su derrota y, a veces, trata a su adversario con poca corrección, no pudiendo dominar sus nervios. Tales sujetos tardan mucho tiempo en “digerir la píldora”, y no es raro que en la siguiente partida se revelen muy por debajo de su fuerza y posibilidades reales. Cada jugador debe encontrar sus propios medios para, después de una derrota, eliminar todo vestigio de emotividad exagerada y volver a su normal estado emotivo y psíquico.”

 

Una cualidad que distingue a los buenos ajedrecistas es que aprenden a encarar las dificultades y a buscar soluciones a los problemas, al menos en el tablero. El filósofo francés Jean Paul Sartre, dijo: “el sujeto que busca la solución de un problema está en el mundo, lo toma en todo instante, a través de sus actos. Si fracasa en sus tentativas, si se irrita, su misma irritación es un modo en el cual se le aparece el mundo. La dificultad es una cualidad objetiva del mundo que se ofrece a la percepción y es ella la que determina la naturaleza de las emociones.” Toda partida de ajedrez representa un drama en el que un bando amenaza a otro con su aniquilación y la única manera que éste tiene para salvarse es aniquilar, a su vez, al contrario. Esta condición del juego permite dar rienda suelta a los más profundos instintos de sobrevivencia y a las más escondidas pasiones. Por eso los profesionales aprenden a ser buenos perdedores. El ex campeón mundial, Veselin Topalov, por ejemplo, en entrevista realizada en la Casa del Lago de Chapultepec, el año 2006, a pregunta expresa, reconoció: “Me parece que soy un buen perdedor, no me importa mucho perder. Si es una bonita partida no me importa y respeto cuando alguien me gana un buen juego.”

 

De manera que el reto consiste en enfrentar los problemas y resolverlos. El escritor inglés Charles Dickens (1812- 1870) dijo: “Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender”. La condición agonal del ajedrez satisface el instinto combativo, sin embargo, nadie está libre de sufrir fracasos y derrotas, lo que suele provocar mortificaciones de la conciencia. El poeta Herib Campos Cervera, en “Un hombre frente al mar”, dice:

“Estoy caído en álgidos agujeros de brumas.

Estoy como un ladrón que se roba a sí mismo;

sin lágrimas; sin nada que signifique nada;

muriendo de la muerte que no tengo;

desenterrando larvas, maderas y palabras

y papeles vencidos;

cayendo de la altura de mi nombre,

como una destrozada bandera que no tiene soldados.” 

 

Sin embargo, no es menos cierto lo que en su tiempo dijo el libertador Simón Bolívar (1783- 1839): “El arte de vencer se aprende en las derrotas”. Es más, el escritor venezolano Carlos Brandt (1875- 1946), escribió: “Los que triunfan pueden llevarse los frutos de la victoria, pero los que salieron hoy derrotados han aprendido lecciones valiosísimas que mañana pueden inclinar las cosas a su favor.” Que así sea.



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