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Simio_pensante

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es un juego en que la dama suerte, no ha sido invitada.

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Simio_pensante

Adán Calles

Ecatepec México

Visitas: 949        Comentarios:
2015-04-25 23:42:15
 
Elogio a un Demonio
 
De la pluma de Yared Neyli Morales Sosa:

 No esperaba esta noche a mi demonio, pero ahí estaba, parado frente a mi puerta sin atreverse a tocar; tan solo escuchaba su respiro pausado, como intentando apaciguar las ansias que tenía de atravesar las febriles paredes que nos dividían. Y, sin embargo, yo sabía que me observaba a través del pequeño espacio que la ventana y la cortina despiadada, le permitían. ¡Me miraba! ¡Sí…! Me miraba… Yo lo sabía; fingí no haberme percatado. Me quedé inmóvil a lo ancho de mi cama y debajo de la transparente sábana, lo espié, mientras él me espiaba. Así pasamos minutos, segundos, horas eternas y el profundo silencio no ensordecía. Ni uno de los dos parpadeaba. Fue entonces, -cuando él me creía dormida-que prorrumpió con un tenue gemido el espeso silencio que lo ahogaba. -¡Oh! ¡Oh!- penetraba su expresión en mi guarida y cada vez entraba con más intensidad. -¿Qué hace?- Me pregunté mientras concentré las cobijas en mi cara y dejé asomar mi pie al recorrerlas. Mas él, cuando advirtió mi movimiento, frenético prosiguió con un gemir cada vez más intenso, como si al moverme lo hubiese avivado. No sé porque razón… pero me deleitaba, sí… me deleitaba… La melodía de su voz sucia caía como semen en mi oído. El demonio amorfo que me atormentaba a diario, ésta noche me veía con otros ojos; no negros, no rojos, más bien extasiados; y mientras lo hacía, mientras me miraba, tomaba entre sus manos el endurecido sexo que mi sueño le otorgaba; porque me creía dormida, porque parecía muerta. Se frotaba una y otra vez, hervía su sangre tanto como la mía. Y obscenamente, ya sin miedo a que lo escuchara, empezó a tocar la manija de la puerta y se acercó tanto a ella como si la penetrara. Yo escuchaba sus toquidos, el vaivén de su ímpetu, el crujir de la madera ante sus ganas; y lentamente, en lo oculto de la noche, en las tinieblas de mi cuarto, me dejé llevar. Me perdí. Descendí al abismo de mi cuerpo y recorrí con mis propias manos ese punto que convierte a la mujer en afrodita. Mi clítoris ardía, se desgajaba, era semejante a la bomba de Chernóbil a un instante de estallar. Con mis dedos toqué la cima del cielo, no ese cielo que está encima de la Tierra, sino ese cielo que está en la cima del placer. -¡Ah! ¡Ah! A…bre, abre la puerta.- Le dije casi sin voz. Entonces, se detuvo estrepitosamente. -¿Puedes oírme?- Me preguntó con la voz más siniestra que jamás había escuchado. -¡Sí! Todo el tiempo. Te escucho, te veo, te huelo, te siento.- Le dije extasiada. -¡No lo entiendo!- Contestó atónito. –El inframundo y la tierra no se unen más allá de las sombras y lo profano.--Pues entonces, ¡profanemos el infierno!-Contesté. Pero, ¿Cómo unir nuestras gargantas? ¿Cómo besar nuestras bocas? ¿Cómo quemar nuestra piel? -Me pregunté en la penumbra de mis pensamientos.-Más él, ese demonio que esta noche yo no esperaba parado frente a mi puerta, ahogado en su silencio y espiándome por el diminuto espacio entre la ventana y la cortina infame, entró en mí. No como un hombre fugitivo y erecto que se va después de eyacular. No como un hombre marchito que tan solo busca florecer en mí. Ni como un hombre pedestre, muerto, sin alas. Él no. Él pasó con su lengua de fuego entre mis piernas y entre el espacio abierto que los labios de mi sexo cubren como cálidas cortinas, se dejó venir. Empapándose con mí humedad. Penetró con la fuerza de una orgía mis cuatro, siete, veinte sentidos. Me poseyó. Estuve endemoniada tocando el cielo. Percibiendo la gloria. Escurriendo su semen por mis ojos, pronunciando entre orgasmos su nombre sádico, sangriento. Y yo, apocalípticamente embelesada. Eterna. ¡Transpirando azufre y gloria, en el hotel del limbo! Yo… yo con mi demonio en el limbo. El limbo y mi sobre mí. Mi demonio y yo sobre el limbo. ¡Yo!, ¡Mi demonio!, ¡Mi demonio!, ¡Yo!, ¡El limbo!... …Y la locura se prolongó hasta el amanecer, no ese amanecer que viene después de la noche, sino ese que viene, después del fin.

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