Desde luego, que también se aprende a cometer errores y a analizar por qué se
han cometido. Lo cual combinado con otras que cualidades que brinda el
juego, como la paciencia y la disciplina, ayuda a crear madurez emocional. A sí
mismo brinda seguridad y hace que quienes juegan desarrollen una iniciativa
propia.
Hay estudiosos (como el director
del Instituto de Matemáticas y Computación de Madrid, Álvaro Carrillo) que
señalan que el ajedrez practicado desde la infancia puede fomentar el
individualismo. Pues el ajedrez es un juego sumamente individual, y esto puede
hacer que cuando algún(a) infante tenga que realizar labores que impliquen la colaboración
y el trabajo en equipo le puede resultar
más difícil. Sin embargo, hay otros autores que sostienen que el ajedrez también
puede ser practicado en equipos, como en torneos, o dinámicas lúdicas (como el Espartaco)
que despierten sentimientos de solidaridad y colaboración.

Alan de Goot en 1960 realizó un
estudio en la extinta Unión Soviética entre dos grupos compuestos por infantes
y jóvenes. Todos ellos poseían un coeficiente intelectual muy similar y
ninguno sabía jugar ajedrez. A un grupo le enseñaron el juego y al otro no.
Después de un año de Goot observó que al grupo que se le enseñó a jugar tuvo
una mayor puntuación al realizar exámenes que evaluaban el uso la
lógica, la capacidad de concentración, el desarrollo de la memoria y la
capacidad de análisis.
Es sabido que los grandes
campeones de ajedrez tienen carreras universitarias, hablan varios idiomas o
tienen una amplia cultura (como Judith Polgar o Garry Kasparav). Y aunque no
todas las personas pueden dedicarse ampliamente al ajedrez, utilizarlo como
herramienta educativa o como una actividad lúdica puede traer grandes
beneficios.
El ajedrez ha demostrado ser una
herramienta que ayuda a desarrollar el pensamiento lateral. La memoria es una
gran habilidad que el ajedrez desarrolla. En países como Argentina y España se
han realizado estudios sobre la relación que tiene el jugar ajedrez con la
prevención del Alzheimer. Y han encontrado que practicar ajedrez puede
ser de gran utilidad para prevenir la enfermedad, pues el cerebro se
entrena con el ajedrez (al igual como lo puede hacer con otras actividades), y
se estimula, así lo va protegiendo del deterioro.
Por ello el ajedrez es una actividad muy benéfica para quien la practica.