1. Por: Adán C.
Una agradable sorpresa
El sonido del timbre se incrusto en el ambiente rompiendo el silencio
existente en mi hogar, instintivamente miro mi reloj (12:30), camino hacía la
puerta preguntándome quien será pues no espero a nadie, el metal cede ante mis
manos y frente a mi, un sujeto de mediana altura enfundado en negros pantalones
y chaleco caqui se presenta con gesto serio y me hace saber que he sido
escogido a través de un primer sorteo para ser posiblemente funcionario de
casilla, curioso le hago preguntas para estar más enterado de que se trata y me
comunica que de salir por segunda ocasión en un nuevo sorteo será definitivo,--
pienso que eso no sucederá pero no se lo digo-- escucho con atención la
explicación que me da, en tanto sus manos se deslizan diestramente sobre un
cuadernillo al que le da vuelta a las hojas conforme la explicación avanza,
despierta mi interés y cuestiono cada vez más, al final me entrega el material
que me ha sido mostrado y se me pide le de cuidadosa lectura; Mi curiosidad ha
sido satisfecha.
Voy en apresurada salida cuando veo el rostro ya
conocido del que ahora sé, es el capacitador electoral, han pasado ya unos días
desde su última visita (no sé cuantos) pero reconozco esa faz que parece
tallada en madera, sin vida, sin articulaciones propias de un rostro vivo,
aparece en El, una mueca que intenta ser sonrisa, procura ser amistoso pero de
inmediato adopta el mismo tono profesional y seco que le caracteriza, tomo un
tiempo para atenderlo y me entero que es un hecho mi participación en la
jornada electoral que está próxima, apuntala con toda la información necesaria
lo que me hace falta por saber, utilizando para ello un segundo cuadernillo por
si me quedara alguna duda y lo hace con la misma actitud profesional que lo
hizo la primera ocasión, me entrega mi nombramiento oficial y al despedirse me
sugiere lo enmarque si lo deseo, me parece extraño pero sonrió al pensar en esa
posibilidad.
II. De democracia y otras cosas.
Mañana mexicana, mañana de Julio, veraniega, húmeda y
fría. Alba que intenta despertar a un pueblo previamente despierto, pueblo que
ya ha sido despabilado, al llamado de la conciencia y el conocimiento, llegado a ellos desbordado, manando inagotable,
a través de las ondas sonoras emitidas por los medios de comunicación, que en su
papel de actuales heraldos cumplieran su
objetivo a lo largo de noventas días con sus noches.
La aurora agudiza mis sentidos, haciéndome sentir su
helada mano, arañando mi nariz; Domingo de ajetreo, extraño y ajeno a otros domingos
de descanso y asueto, que dio inicio cuando las penumbras aun mantenían su
dominio sobre las bastas e interminables calles, alumbradas por la débil luz de
unas cuantas luminarias cansadas de vivir, sofocadas, exhaustas y próximas a
fallecer de aburrimiento; Camino, enfilo mis pasos en dirección del lugar
previamente acordado para la cita, miro a lo lejos movimiento de personas que
han llegado antes que yo, acelero mi paso sintiendo que llego tarde, mi paso se
vuelve más firme, más pausado conforme me acerco, mi caminar se torna cada vez
más orgulloso, arrogante…Partiendo
plaza, pienso que todas las miradas convergen en mi, como si fuera
posible que todos supieran el cargo que
ostentoso presumía. Adrian Díaz, el orgulloso funcionario de casilla.
Miro, observo y escudriño a todo aquel que se cruza en
mi camino, tratando de imaginar que harán ahí a lo largo del día, en mi mente invento
el cargo que tendrán de acuerdo a sus facciones (no adivino ninguno), busco una
cara familiar, algún conocido; Me
distrae una enorme lona resistente a los elementos climáticos colocada sobre la
barda enfrente de mi y que da a la calle con la leyenda: “Colegio Fray Junípero
Serra” , doy por hecho que la escuelita
de medianas dimensiones en la que nos encontrábamos y que se prestaba a ser muda
testigo del proceso democrático, vivía en su interior el extraño movimiento
dominical de seres humanos diferentes a los estudiantes que acostumbraba a
recibir a lo largo de la semana, este instituto, que en las entrañas llevaba a
un puñado de individuos. Pienso, debía subsistir gracias a la eficacia del
profesorado que atraería la atención de
nuevos alumnos año con año, dispuestos a pagar sus sueldos con sus cuotas
mensuales; Sonrió al encontrar con la mirada al capacitador electoral y hago un
movimiento con la cabeza a guisa de saludo, me acerco para escuchar su
pregunta, quería saber si ya se encontraba
ahí el presidente de nuestra casilla a lo que respondo negativamente, lo
sigo hasta arriba de un minibús preparado con antelación específicamente para
transportar a aquellos que entregarían documentos al final de la jornada. Dentro
del autobús, me da indicaciones, me entrega papeles que utilizare en mi cargo
como primer escrutador en la casilla contigua numero uno; Primero de mes, de
calles largas y acuosas por la tenaz lluvia de la noche anterior, liquido
diáfano, cristalino, encharcado, liquido que se evaporaba lentamente ayudado
por los primeros rayos matutinos. Buscamos nuestros enseres, para iniciar con la
actividad, los ahí reunidos… También buscamos conservar el recuerdo de lo que
estamos por hacer, buscamos arañar las luces de la inmortalidad, buscamos aun
sin saberlo, ser testigos de la historia.
Las mesas plegables de madera con marcos de brillante
metal, pintadas en amarillo se extienden y ocupan su lugar en el patio del
colegio, blanquísimas mamparas de cartón son armadas una a una, colocándose sobre
bases de delgado metal y cubiertas por cortinillas plásticas que no permitían
la morbosa mirada de nadie; Mamparas café claro, carteles informativos con el
número y tipo de casilla se exhiben en
las paredes interiores, tijeras, plumas y plumones, cinta adhesiva
transparente, calculadora, lápices y crayones con aroma a nuevo se colocan
sobre los tablones abiertos. Una palanca acerada yace inerte sobre una base
férrea con la cual formaba un sencillo sistema para colocar marcas con el
número doce sobre las credenciales que nos entregaran, tinta indeleble, sello,
boletas electorales que son contadas por la secretaria que ha llegado poco
después de que se presentara nuestro líder de casilla. Observo a integrantes de
una mesa directiva con la disposición a flor de piel, el color en los labios y la esperanza en la
mirada. En tanto la fila en las afueras va acrecentando a cada momento remplazando
a las risas y los juegos escolares. Estamos listos, las urnas armadas y
colocadas sobre las zetas acartonadas que sirven para darle altura a las cajas de
cuatro paredes transparentes, ayudo a un compañero de la mesa vecina a armar
sus urnas intentando ser útil, mientras nuestro presidente de casilla recibe
los oficios de cada representante de partido: Los mira, los lee, los coteja con
sus credenciales y los guarda, para que poco después venga el último en entregar
el documento oficial a pedirlo de vuelta pues se a dado cuenta de que le
corresponde otra mesa de las cuatro existentes en ese lugar, aunque ciertamente
su nombre se refleja en el papel; Lo vuelven a leer, lo revisan, confirman
donde le corresponde, lo resuelven con eficacia
y cierto nerviosismo, ansiosos de hacerlo todo bien y lo hacen. Luis, presidente
de la contigua uno, a la cual pertenecemos, con su tez blanca y fácil sonrisa, me
pide que salga y pregunte si alguien de la fila desea participar en el proceso,
a razón de que el segundo escrutador no ha llegado y concluimos que no llegará.
Tampoco hay suplentes.
Evadiendo a los que se encuentran en el pasillo que se
ha reducido drásticamente por las mesas y la gente en un ir y venir que parece
no tener fin, repto y cruzo el umbral del portón blanco que da afuera, portando
la nívea casaca con filos morados que ya me he colocado por indicación del
capacitador, donde se lee claramente “primer escrutador” en letras violetas; Los
votantes ya formados por minutos y al calor de la impaciencia me inquieren
acerca de la tardanza para iniciar, hago una pausa, a la postre, sin
miramientos les explico en voz alta la falta de un escrutador y les lanzo la
pregunta – alguno de los presentes quiere o desea participar—obtengo como
respuesta el silencio de todos, nadie se anima a participar, saben que implica
tiempo y la perdida de su descanso o el cambio de sus planes, nadie se ofrece
pero tampoco nadie reclama, me siento ligeramente decepcionado por la falta de
disposición de aquellos que momentos antes reclamaban con encono, pero
satisfecho de que los reclamos se hayan apagado (parece, que a la mayoría, le
es más fácil, gritar desde las gradas), doy media vuelta y camino lento en
tanto pienso en otras alternativas para solucionar la situación, dos pasos
después una voz femenina me saca de mis pensamientos para hacerme saber que
ella participará, se lo agradezco y le pido me acompañe mirando con el rabillo
del ojo si alguien más se acerca, pero no es así. Se las presento a mis
compañeros, la saludan y someramente le damos algunas indicaciones sobre las
funciones que va a desarrollar buscando tenga confianza en preguntar si algo no
le queda claro; consulto con los tres dirigiendo la pregunta a Luis y mirando
de reojo a las dos mujeres, quiero saber si ya podemos comenzar y obtengo un si
por respuesta; nuestra vecina de mesa con cargo de presidenta discute acaloradamente con los representantes
de partidos acerca de cual es el lugar que deben ocupar en el transcurso de la
votación.
Dos mil doce; año cabalístico marcado por los mayas
para el fin del mundo, año en curso, año de toma de decisiones para un país que
sabe de respeto, de acato a la voluntad de un pueblo en orden y paz, país que
asesora a Afganistán en el fortalecimiento de su democracia. Estado de
Mexiquenses, enterados y conocedores del curso que debe tomar su municipio,
Mexiquenses, que uno a uno tomaban su lugar en la fila que ahora fluía con
mayor celeridad pues ya las cuatro mesas de voluntarios ciudadanos se
encontraba trabajando en armónico
conjunto; Representantes de cada partido político; Azores, atentos vigías de
cada movimiento no deseaban perder un solo detalle de lo que sucedía en su
entorno, Ellos, solicitan con cada persona que pasa y entrega su
credencial, se les de el número que
aparece arriba de su registro en la lista nominal, lo apuntan y no dicen más,
taciturnos y reflexivos llevan su propio control en hojas dadas por el partido
que representan.
Charla amena, desayunito discreto, (cortesía de nuestro
amigable presidente), lazos de amistad que pueden crecer; La distintiva
credencial de cada uno de los electores es cotejada con la lista nominal de
grises matices, la mirada sobre el portador de la misma observando el parecido,
entrega de boletas, credencial a resguardo… Sellado con la palabra “Voto” dentro
de un cuadro vació que aparece en la lista, la fuerza aplicada en la palanca
metálica deja la muesca con el número doce sobre el pálido gris del documento
oficial expedido por el Instituto Federal Electoral, documento de candados
impenetrables; Urnas cada minuto más llenas, el pulgar entintado y la sonrisa
en los labios que solo disfrutan aquellos que saben del deber cumplido.
Con la baja afluencia de votantes, se da la
oportunidad de aprovechar el momento y realizar mi voto, cubro los mismos
requisitos que cualquier otro, primero formándome y después entregando mí
credencial, recibo mis boletas para ejercer el derecho que como ciudadano me
corresponde; De elegir, de decidir en la intimidad de aquellas murallas
inexpugnables, al interior de aquella bóveda acartonada, lejos de las mórbidas
miradas, en total y vasta libertad; El crayón toma altura para caer pesado y
firme sobre el delgado papel, pero se desliza ágil, indetenible, furtivo; Crayón
que ahora posa dormido, quieto, sin color, espera esperanzado en que alguien
más le tome y decida sin temor, mientras aquellas a quienes les robó su inmaculada
blancura, aquellas que sintieron su poder, esas boletas que utilice, caen lentamente
en la urna que les corresponde.
La puerta del colegio ha sido cerrada, son las seis de
una tarde acompañada de lluvia que incomodo a la mayoría, la tarde se va
acompañada del último votante, lo que da paso al conteo, hora de la verdad, de
saber el deseo humano y consciente, cifrado en la urnas; Las boletas son
vaciadas sobre la enorme mesa, los
representantes de los partidos son advertidos sobre el no tocar las boletas
aunque ellos ya lo saben, toman su lugar para observar… solo observar, aunque
alguno tuviese el pensamiento de manipular las cosas a su antojo, resultaría
utópico teniendo la mirada de los otros sobre de El; Azores.
Levanto la primera hoja de papel y la extiendo ante la
vista de los demás al tiempo que la veo y digo en voz alta el nombre del
partido que ha sido tachado con cera negra, se van cifrando una a una según el
color del partido, la ansiedad de algunos se hace presente conforme se eleva la
altura de la pila que contiene su favorito, al tiempo que en los ojos de los
otros se observa el desencanto, hasta que la pila de su preferido también
comienza a tomar altura, prácticamente salen la misma cantidad de los partidos
más fuertes antes de terminar la apertura de todas y cada una de las boletas,
Esto genera que mi corazón lata con más fuerza, el nerviosismo hace presa de mi
y sin desearlo me involucro emocionalmente, trato de mantener una postura
profesional como la del capacitador cuyo nombre no recuerdo (no lo consigo) y
continuo con el separado de boletas para contarlas posteriormente, todo ha sido
dicho… el conteo ha finalizado, las cifras están dadas, creando sonrisas en
unos y decepción en otros, pero ninguno de nosotros podría jamás reclamar algo…
Vecinos y amigos estuvimos ahí.
La luz agonizaba, lanzando su último resplandor se
extinguía acompañada de nuestros cargos en tanto los comprobantes se guardaban
en sendos sobres amarillos con rotulados hechos por la secretaria de nombre
Yamili (poco común), intento ser de utilidad, por lo que ofrezco mi ayuda, me
dan indicaciones sobre lo que falta por hacer, ella y el presidente aun tienen
trabajo por delante, deben entregar los paquetes electorales donde corresponde,
Yamili pregunta si alguno de los escrutadores deseamos acompañarla a la
entrega, guardo silencio como si no la hubiese escuchado en tanto en mi crece
el deseo de llegar a mi casa y guardar reposo (ha sido un día largo).
Camino hacía la puerta que es custodiada por los
funcionarios de las otras mesas que se hayan más cercanas a la salida y que aun
no han terminado de elaborar sus listados, me preguntan si volveré a entrar a
lo cual contesto que no, llevo en mis manos el cartel con los datos resultantes
de la elección apuntados sobre el blanco papel con la intención de adherirlo en
el muro exterior para dar a conocer los números a la gente que espera
pacientemente en las inmediaciones de la escuela; Tan pronto coloco el cartel
sobre el muro la gente se arremolina a mis espaldas con la intención de ver
quien gano, escucho con atención la variedad de comentarios de satisfacción
pero también aquellos que suenan con decepción al mirar lo que refleja aquel callado
papel.
Me salgo del centro de aquel cumulo de emociones buscando
ser discreto y comienzo a alejarme lentamente, taciturno, sumergido en mis
pensamientos, con los pies ligeramente adoloridos pero el corazón henchido de
certeza al saber que sin importar los resultados; Este, mí país, mí estado, mí
gente, sin palabras de por medio, tan solo con las manos, en completo y
absoluto silencio … Ya había hablado.
En cada voto, semillas depositadas en suelo fértil que
permiten el florecimiento de una creciente democracia en una nación que desde
siempre ha sabido convivir con esta.
Mientras leo a Carlos Fuentes, miro con el rabillo del
ojo mi constancia de participación dentro de un marco de madera que cuelga
apaciblemente sobre una pared en mi recamara, regreso mi atención a mi lectura
y sonrió para mi coleto satisfecho de sentirme útil y parafraseo internamente
al presidente de la Republica ““En la democracia no hay victorias eternas ni
derrotas para siempre.””